Este jueves se llevará a cabo la “clausura” oficial de la primera etapa del Laboratorio del Procomún. A las 19.00 en Medialab – Prado, Jesús Carillo y Jordi Claramonte serán los encargados de dinamizar la sesión, en la que hablarán sobre las nuevas “fábricas” de creación cultural. Tenéis los textos y comentarios aquí.
Pero además Antonio Lafuente ha escrito un texto que podéis encontrar en nuestra página web así como en su blog Tecnocidanos, titulado: “Laboratorio sin muros: inteligencia colectiva y comunidades de afectados”. En él realiza un interesante y crítico análisis de la evolución de esta actividad desde sus primeros días, allá por mayo de 2007. Creo que el texto pone sobre la mesa una serie de elementos muy destacables, principalmente el compromiso de asumir el laboratorio como un espacio social para la construcción de conocimiento de una manera colaborativa, donde se rompan las fronteras existentes entre interior y exterior del laboratorio, entre expertos y legos, generadas muchas veces por la forma en que son planteados otros formatos más convencionales como el seminario o el ciclo de conferencias. Advierte, en este sentido, de la necesidad de tener en cuenta como protagonistas de ese proceso a las comunidades de afectados o concernidos. Propone un cambio de dinámica, un paso necesario hacia una nueva etapa en que el laboratorio y sus participantes se impliquen en la generación y el fortalecimiento de redes sociales a través de las cuales movilizar y visualizar el procomún, así como en la la producción y difusión de materiales útiles para la materia, donde se vaya documentando el proceso.
Me parece un buen plateamiento al que querría añadir algunos otros puntos, – en realidad rescatar algunas otras propuestas, que en realidad han ido saliendo a lo largo de las distintas sesiones del laboratorio del procomún -, y que en mi opinión habría que tener en cuenta. Me preocupa sobre todo la necesidad de comprender la carga ideológica que, lo queramos o no, existe detrás de cada uno de los planteamientos, de las prácticas y los conceptos empleados. Para exhorcizar los posibles elementos tendenciosos, lo mejor es hacerlos explícitos, como recomienda Pierre Bourdieu. Pero veamos lo que quiero decir a través de ejemplos concretos:
La comunidad. Congregue un grupo de afectados o a los participantes del laboratorio del procomún, una comunidad no es más que un conjunto de diferentes decido a compartir un destino. No está por lo tanto exenta a lo interno de la existencia de relaciones de poder entre las partes, que resultan en tensiones y conflictos propios de una diversidad no negociada, y que únicamente pueden comenzar a resolverse a través del principio de reconocimiento. Precisamente son ciertos rituales donde únicamente se celebra la comunidad, aquellos que en ocasiones son utilizados para soterrar las diferencias. En ese sentido la existencia de protocolos previos puede tanto contribuir al rigor en la búsqueda de conocimiento como generar una problemática añadida, al establecer de diferencias entre iniciados y no iniciados. Debe haber método, pero la crítica al método y su reconfiguración consecuente debería ser entonces una constante vital y un derecho de todos los participantes.
Identidad ante alteridad. Una comunidad de afectados no existe al margen de otras colectividades en las que no se reconoce, que pueden ser tanto responsables de generar su problema (de formas más o menos sutiles o indirectas) como meros espectadores pasivos o indiferentes a los que sin embargo podrían sensibilizar y movilizar (sociedad civil). El mapa resultante es un contexto complejo, con estructuras de oportunidades políticas más o menos abiertas en función de la atención concedida por la clase política, en la que los distintos colectivos construyen sus sistemas de alianzas y oposiciones que influyen (posibilitando / limitando) cada uno de sus movimientos.
Pienso que las comunidades de afectados, los viejos y nuevos movimientos sociales (Enrique Laraña) ya están configurando el mundo en la actualidad con su mera acción y presencia, no necesitan tanto que su palabra les sea concedida sino más bien escuchada.
Mesas técnicas. Una posible propuesta para este panorama es sentar a los componentes del laboratorio y posibles comunidades de afectados en las mismas mesas, para trabajar sobre problemas concretos y sólo después teorizar sobre ellos. Apuesto más por el método inductivo y por el “aprender haciendo”, por participar a través de la secuencia acción – reflexión – acción, por una experiencia de empatía etnográfica, que opina que sólo desde el análisis concreto de la realidad social podríamos con el tiempo realizar aproximaciones sucesivas a posibles teorías que nos ayuden a navegar por el mar de la incertidumbre.
De esa manera, se podrían cumplir los deseos de entroncar de forma comprometida desde la práctica investigativa con las redes sociales que sustentan, defienden y construyen en su cotidianeidad el procomún y los nuevos modos de gestionarlo.
Clara

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LOS JUEVES DE MEDIALAB PRADO vuelve a convocar de nuevo al Laboratorio del Procomún, hoy jueves 17 a las 19.00 horas en la sede de Medialab Prado, C/ Alamenda 15, Madrid.

En esta ocasión Joaquín Rodríguez de la revista Archipiélago, comentará el texto propuesto por Enmanuel Rodríguez de Traficantes de Sueños.

En él expone con precisión los desajustes y contradicciones de un modelo regulador de los derechos de autor que todavía no se ha adaptado a la era digital en que vivimos. Desmonta el discurso que identifica restricción de acceso a una obra con protección de la creación, así como los argumentos económicos: hoy en día y gracias a las NTICs los costes de la reproducción de información tienden a cero, así que las industrias culturales (quizás con la excepción del cine) no tienen por qué temer que no esté garantizado el retorno de la inversión inicial. Además, la venta de los derechos de autor no genera renta suficientes para el mantenimiento de éstos, que han comenzado a encontrar su sustento en otros modelos de negocio (conciertos, publicidad, otros).

Por último, la promoción de la cultura libre, sin restricciones para el acceso, copia, modificación y difusión, es la mejor garantía para asegurar la creación sin coartadas, el diálogo entre las obras y las nuevas formas de colaboración y cooperación con que se desarrollan los procesos artísticos.

Aquí está el texto completo.

El debate ya ha comenzado en la red!

Hoy por la mañana se ha llevado a cabo la primera mesa redonda de WikiST, nuevas formas de producción ciudadana de eSTándares. Bajo ese título común los participantes han expuesto sus reflexiones y experiencias sobre los usos sociales y las dinámicas que genera la introducción de la tecnología Wiki en las aulas.

Julen Iturbide se ha encargado de introducir el tema planteando una visión panorámica bien fundamentada y estructurada sobre estas implicaciones. Aplicar nuevas tecnologías en entornos educativos supone:

  • Aterrizar en un contexto donde ya existen una serie de estándares”, en primer lugar, entre ellos, el lenguaje.

  • Llegar a una fase donde el usuario sea a la vez competente a nivel de habilidades y consciente de su proceso de aprendizaje.

  • Hacer frente a problemas tanto tecnológicos, – como la existencia de otras dos herramientas que actualmente ya se han convertido en estándares tanto para profesores como para estudiantes: el correo electrónico y el procesador de texto – y de producción del conocimiento, – la evaluación entre iguales que implica la filosofía Wiki, opuesta a los modelos actuales en que el profesorado mantiene la única autoridad reconocida y legitimada para realizar esta tarea, estableciendo una relación jerárquica respecto a la producción de información.

En función de esto, ¿cómo se puede configurar el uso de Wikis en las aulas? ¿Por uso o por ley (directrices)? ¿Cuál será la práctica más adecuada para que el Wiki se convierta en un estándar de trabajo en cada clase?

Aunque no hay recetas infalibles ni seguridad sobre qué prestaciones, durante cuánto tiempo y con qué consecuencias se estarán usando, Julen nos propone reflexionar cada caso como distinto a los demás, estudiando su particularidad específica y su contexto. Intentar aunar o conjugar la voluntad (política) de la dirección y la base (de un colegio, de una empresa, de una comunidad), y sobre todo practicar, practicar y practicar.

Por su parte, LaFundició y el IES Joanot Martorell de la mano de Mariló Fernández y Montse Balbona respectivamente, realizaron un resumen de su experiencia en este instituto de educación secundaria. A través de la educación artística se propone intervenir sobre la institución educativa como un espacio público, generando una reflexión sobre la misma desde los estudiantes hacia la comunidad y hacia el mundo. En este caso, se buscó construir una Wiki como se busca construir un proyecto colaborativo orientado a pensar sobre una institución que desde el siglo XIX viene reproduciendo los mismos esquemas asimétricos en la producción de conocimiento. Además, al ser accesible online, la Wiki permitió sacar el debate fuera de los tiempos y lugares propios de las aulas, y hacerlo visible, generando un espacio para el ensayo y la propuesta sobre distintos temas de investigación, donde los estudiantes no sintieran de forma constante la vigilancia de los profesores.

Las dinámicas y el movimiento generado por esta experiencia llevó a proponer la traslación de este espacio autogestionado por los estudiantes del ámbito digital al físico, a través de la colocación de un contenedor donado por el arquitecto 2.0 Santiago Cirujeda para la ocasión. Ese fue el punto de inflexión en el que la Junta Directiva pareció revelar hasta donde estaba dispuesta a llegar en la permisión de este proceso de apropiación: se calificó y clasificó el espacio de lugar peligroso y de foco de infección, que no permitirían ni permitieron instalar en el patio del edificio.

Mari Luz Congosto, por su parte, que estuvo en Medialab Prado recientemente con motivo de BarriBlog, regresó en esta ocasión para hablar del Wiki que ha utilizado en su labor de profesora universitaria como una herramienta para incentivar la participación de los estudiantes, dado que en comparación con otras tecnologías, permite la comunicación bidireccional y por tanto el feedback sobre la asignatura de los estudiantes; es una información que se renueva continuamente por el uso y se abre hacia fuera de la academia y la universidad; además de generar dinámicas de trabajo que priorizan la colaboración sobre la competitividad y el individualismo.

Vemos así como dentro del mismo ámbito de actuación, en este caso el educativo, se dan distintos usos sociales de la misma herramienta. Usos que implican posicionamientos ideológicos diferentes respecto a configuración de las relaciones de poder, autoridad y legitimidad en los procesos de producción del conocimiento. La participación no tiene por qué ser siempre un sinónimo de poder real en la toma de decisiones, si queda restringida únicamente al ámbito de la gestión de información. Hay que pensar el “qué”, pero sobre todo el “cómo” en coherencia por el “para quiénes” y “por quiénes” de cada proyecto.

Más info en:

http://wikis.madrimasd.org/wikist/Debate_wikiST

Qué son los estándares ? De qué se trata cuando se propone repensar los estándares ? Porqué debemos cuestionar los estándares?
Hoy, martes 18 de diciembre, de las 18 a las 20 horas y mañana, miércoles 19, de las 12 a las 20.30 horas se organiza en Medialab Prado una reflexión entorno a esas preguntas. Bajo el nombre de WikiST, Adolfo Estalella y Antonio Lafuente proponen plantear la tecnología wiki, que permite la participación de quién quiera para crear contenido, como un método para volver a elaborar desde la ciudadanía, de una forma colaborativa, consensual y honesta todas estas normas que nos están impuestas y rigen nuestras vidas sin que tengamos consciencia de sus existencias, y por lo tanto aún menos la posibilidad de contribuir con su creación o de rechazarlos, si no con una mera transgresión.
Qué son los estándares? Son los umbrales a partir de los cuales un hecho se hace problema, o un posible se hace prohibición, o un alimento se hace peligroso… Pero quién les ha fijado? Los Estados bajo el aviso de misiones cuya ética a veces se puede cuestionar, e intentan hacernos creer que son universales cuando son creaciones. La prueba es que la mayoría no existían hace unos años, de hecho se multiplican, y en nombre del progreso y de la seguridad nos les imponen, quitandonos libertades, cuando en lugar de protegernos nos hacen correr peligros. El cuestionamiento de los estándares nace entonces de la pérdida de confianza en nuestros Estados que en lugar de protegernos, protegen intereses privados, y en esos expertos que resultan ser falsos especialistas pagados por empresas, y por el uso político de las normas como herramientas de reducción de nuestras libertades, fenómeno delante del cual sólo nos podemos callar y someternos, o transgredir.
Este proyecto es una reacción a esta falta de confianza y quiere remediarlo permitiendo a la colectividad crear sus propios estándares partiendo del constato que el contrato social con el Estado está roto, y que por lo tanto la colectividad se debe organizar y buscar su propio bien común. Este proyecto por lo tanto está estrechamente vinculado con la voluntad de construir una democracia participativa donde la propia comunidad de afectados es capaz de autoregularse.
Fundado sobre el modelo 3 de democracia técnica del texto de Michel Callon De las diferentes democracia técnicas, fomenta la puesta en común de numerosos conocimientos hasta la creación de otras normas más válidas.
Pero porqué hablamos de Wiki? y porqué justo ahora en Medialab Prado plantearse este tipo de reflexión?
Porque no es una casualidad que este planteamiento de democracia participativa muy cercana a la idea de procomún, ya que el procomún es un bien común que se debe gestionar colectivamente fuera del Estado y del mercado, reaparezca en nuestros tiempos. Es que Internet soluciona problemas técnicos que impedían según Rousseau que un país de importante población se gestione en una democracia directa, que sin embargo es la forma más justa de democracia. Pero más, Internet permite superar la forma de democracia directa por una democracia participativa, porque de por si favorece el trabajo colaborativo sin necesidad de una presencia física, permite conectar a miles y miles de gente, permite que esos miles y miles de gente se expresen, permite una consultación en tiempo real, y solicitar información desde el mundo entero de forma simultánea, y por lo tanto acceder a toneladas de información. Además las wikis son un gestor de contenido que permite de forma más efectiva aún la participación de la gente y la construcción de “algo” común, ya que las páginas webs así gestionadas son igualmente y libremente modificables por la gente registrada.
Por eso, WikiST pretende conseguir gracias a internet y a la tecnología Wiki a involucrar a comunidades, identidades, afectados para cuestionar y construir colaborativamente nuevos estándares, cogiendo fuerza e importancia para poder imponerse como fuerza de presión colectiva, nueva fuente de regulación de la sociedad, un elemento de una autoregulación necesaria.
El método es fundamental: primero hacer aparecer estos estándares que nos rodean y de los cuales apenas estamos conscientes. Luego, cuestionarles. Y por último, crear otros.
Pero para que funcione, para que pueda existir como fuerza colectiva de presión y de autoregulación, sólo existe una condición única y absolutamente imprescindible, vuestra participación, ya que WikiST sólo es una idea propuesta y unas herramientas puestas al servicio de todos nosotros, la colectividad, y sólo se puede prevaler de legítimo si la colectividad, es decir nosotros, participamos, y lo hacemos dispositivo nuestro de autoregulación, que tal vez podría integrarse como etapa o fuente obligatoria en cualquier proceso de elaboración de la norma por el Estado, no como voz consultativa, sino como representante de la colectividad, el Estado asegurando el marco y realización de la norma.

Más información sobre los estándares: http://weblogs.madrimasd.org/tecnocidanos/

El jueves pasado, en el encuentro del Laboratorio del Procomún, se habló mucho de teoría económica. El punto de partida a este desarrollo complejo fue uno de los argumentos de base del texto de Isidro López “Procomún y activos ecológicos”, que empezó a comentar Jordi Claramonte. Apuntaba el texto y el título del encuentro que se iba a reflexionar sobre las maneras de gestionar y de pensar en qué el sistema neoclásico constituye una amenaza para el medio ambiente y está incapaz remediar a los problemas medioambientales que ha provocado. Y esta respuesta es Juan Carlos Salazar, especialista de la teoría neoclásica, que nos la dio. Nos devolvió las palabras, diría, o mejor dicho nos devolvió el texto. En el ámbito económico, como tengo muy pocos conocimientos, suelo escuchar y creer, y fundo reflexiones sobre esto que escucho y creo. Y unas de esas creencias se acaba de caer al escuchar Juan Carlos Salazar. Todos, (entiendo por “todos” los desentendidos de la economía) pensamos que la teoría neoclásica, es decir la teoría liberal, contempla el dinero como nuestra única motivación. Es un lugar común que imputamos generalmente a este sistema. Pero es un error. Y un error importante: este sistema al contrario reconoce que el indivíduo se puede mover por un montón de otros intereses como el de consumir, de ser reconocido, y cuantos otros motivos que cada uno podamos tener. Esta primera aclaración nos permite entender ahora empresas como Google, y muchas otras, que han integrado como incentivos a la producción los otros factores que mueven a sus empleados. Eso ya nos permite dejar de dudar si la web 2.0 en general es una manera de aumentar nuestra libertad o de explotar nuestras competencias, sino entender que es, si está aplicada a un ámbito profesional, una extensión capitalista eficaz. Y sobre todo nos permite, como lo indica Juan Carlos Salazar, atacar la teoría neoclásica allí donde realmente se encuentra débil: lo que sí está incapaz contemplar es que exista otro agente o actor que el indíviduo. El indivíduo, como en la fábula de las abejas de Mandeville, contribuye, según la teoría neoclásica, en su esfuerzo individual al progreso de la colectividad. El progreso de la colectividad es el resultado del progreso individual. La colectividad existe por el individuo. La teoría neoclásica reconoce la colectividad como el resultado del ente previo que es la individualidad. La otra manera que tiene de entender la colectividad es como masa para controlar.
La teoría neoclásica no puede entonces considerar a la colectividad como agente a priori. Y allí está el problema. Porque la colectividad significa las costumbres sociales, las maneras de hacer, las mentalidades, los imaginarios colectivos, los comportamientos colectivos en frente de diferentes situaciones, toda esta parte de nuestro comportamiento cotidiano cuya orígen no se encuentra en el indivíduo. La teoría neoclásica presume demasiado del hombre como motor del destino y en frente de cambios como el cambio climático está incapaz pensar medidas correctas. Porque aquí se trata de entender la preservación de la colectividad, y aparece el desajuste que Isidro López notaba entre coste y beneficio, es decir entre el beneficio a largo plazo y a corto plazo. Por ejemplo, ¿qué resulta más rentable, seguir pescando con el mismo ritmo de pesca para no perder nada de los ingresos individuales actuales lo que los recursos marinos permiten 20 años más y por lo tanto acabar con el recurso mismo, o entender que la urgencia es organizarse y reducir la pesca para poder seguir pescando años y años, y años? En este caso, está claro que el interés individual según la teoría neocláscia no permite que los fondos marinos se salven. Pero en la realidad, existen varios pescadores que colectivamente decidieron organizarse y gestionar de otra forma sus recursos, conscientes de la terrible amenaza que corrían conservando este ritmo sin freno. Como dijo Juan Carlos Salazar la colectividad supera el indivíduo, es decir que la colectividad sobrevive al indivíduo, y debe ser entonces en el caso del medio ambiente el marco de acción del indivíduo y no al revés. Cuando decimos que estamos destruyendo los recursos para nuestros hijos, no se trata de una simple frase idiota y romántica, sino que el indivíduo se cree eterno y deja de pensar en la supervivencia de la colectividad.
La ignorancia de la colectividad es una manera de negar la mortalidad del hombre. Elevando el individuo como único actor del cambio, la teoría neoclásica busca a negar el caractér animal del hombre cuyo instincto como animal debería ser la supervivencia -imortalidad si queremos- a través de la colectividad -para no hablar de especie-. Y la consciencia de la necesaria supervivencia a través de la colectividad corresponde a la consciencia de la pertenencia del humano a su entorno y se opone al estado de guerra y de terror que suscita el entorno -natural y social, el entorno natural y social de hecho se mezclan- sobre el individuo, que, en la actualidad, se “autovive” dramaticamente sólo en frente de su entorno social y natural.
Por eso que esta aclaración nos fue fundamental, verdaderamente desveladora de realidades. Por eso esa sensación que Juan Carlos Salazar nos devolvió el texto, aunque no dejó de contarnos su visión. Nuestra aceptación de su punta de vista parece sólo fundarse sobre la confianza que ponemos en él. Y eso es cierto, pero no sólo. Es que, al coger sus explicaciones, en seguida se adaptaron a la realidad, mejor nos aclararon parte de la realidad. Seguramente no existen paradojas ni incoherencias sino malos paradigmos y falsas preguntas. Juan Carlos Salazar nos devolvió el texto porque nos devolvió las buenas palabras para preguntar bien, y nos proporcionó un excelente nuevo paradigmo, que además nadie nos impide ir a comprobar en los textos.

Ayer tuvo lugar en Medialab Prado una nueva sesión del Laboratorio del Procomún.

En esta ocasión, se abordó el tema de procomún y ecología, a través de la reflexión sobre el texto elaborado por Isidro López que ya presentamos en este blog con otro post hace pocos días.

Siguiendo la metodología de trabajo habitual, el encargado de realizar el comentario del texto fue Jordi Claramonte quien además, desde su óptica y trayectoria en los movimientos artísticos y sociales, puso sobre la mesa una pregunta a la que tarde o temprano todos los participantes del laboratorio se tenían que enfrentar.

Ante el tipo de situaciones descritas en esta y otras sesiones, en que vemos devastados los bienes naturales por la lógica de la “acumulación por desposesión” con que funciona el sistema capitalista (aportaciones conceptuales de Isidro López apoyándose en Harvey y otros):

¿Qué tipo de soluciones, entendidas como propuestas de gestión, se deben hacer?

Se trata de un problema de escalas:

¿Debemos elaborarlas únicamente en base a las experiencias locales de éxito o debemos ir más allá hacia el cuestionamiento radical de un sistema económico que genera modelos productivos depredadores del procomún?

Si no consideramos viables la soluciones fuera del capitalismo, ¿debemos apostar entonces por el llamado capitalismo cognitivo, 2.0 o hacker como posible solución? ¿Qué implicaciones tiene esto?

Estos interrogantes marcan, a mi modo de ver,- desde el punto de vista de una mediadora cultural que contempla estos procesos de construcción colectiva del conocimiento y que no puede dejar de verlos si no es desde su propia experiencia y subjetividad -, uno de los puntos de no retorno del debate actual.

Primero, porque se pone énfasis en la necesidad metodológica de integrar las visones macro y micro de los procesos, de examinar sus relaciones y complejidades, teniendo en cuenta la escala espaciotemporal así como la contextualización histórica y cultural de cada una de las experiencias, sin caer en la tentación de teorizar “en el aire” o en base a modelos no empíricos. Se trata de estudiar y documentar de esta manera, si es que se persigue el rigor. Realizar una especie de “etnografía” de los procomunes.

Segundo, porque no se obvia sino que se pone de manifiesto el posicionamiento político e ideológico con que se elabora, difunde y reinterpreta cada elaboración teórica (desde las tesis de Hardin sobre la tragedia de los comunes, hasta el neoliberalismo económico que ha leído o dejado de leer a Adam Smith). ¿Qué perseguimos, hacia dónde vamos, qué de radicales queremos ser, hasta dónde, por qué hasta allí, por quiénes?

Se trata de poner al descubierto, evidenciar y afinar los rasgos de otro tipo de contexto, el de la producción de conocimiento, nuestro conocimiento sobre el procomún generado desde el laboratorio. Bourdieu, Passeron y Chamboredon (El oficio de sociólogo), y en general los que aspiramos a que las sociales tengan verdaderamente el estatus de ciencias, pueden sentirse orgullosos de esto.

Para finalizar he aquí mi aportación:

¿A caso no funciona el capitalismo cognitivo con la misma lógica de acumulación por desposesión que el tradicionalmente conocido capitalismo de producción material?
Sólo dos ejemplos que dan que pensar:

Wikonomics”, todo un best-seller en la sección de gestión y economía.
En él los autores proponen a los nuevos y viejos emprendedores que apliquen adaptados a su empresa los modelos de producción colaborativa, así como otras aportaciones de la cultura 2.0.
Según ellos, esta es una gran receta para aumentar la productividad en nuestros tiempos.

En realidad supone un síntoma preocupante de cómo los agentes sociales protagonistas del capitalismo productivo se apropia de aquellas prácticas y discursos (cultura) que sirven a su fin de acumulación, eliminando toda carga política que representan simbólicamente esos conceptos, domésticándolos, quitando su carga de rebelión.

Por eso establece su propio sistema de clasificaciones y prefiere, por ejemplo, llamar a sus chicos “alejandrinos” (vinculados a la biblioteca de Alejandría, acumuladores de conocimiento centralizado al que sólo tenían acceso aquellos en posesión de la restringida ciudadanía grecorromana) en vez de usar el término “bibliotecarios” (de la Wikipedia, proyecto del que toma la idea original pero elimina su finalidad de ser libre, abierto, para el bien común) o el de “enciclopedistas” de Asimov (y su Fundación para salvar a la humanidad).

Otro ejemplo: Elpaisdigital se publicita como inventor del llamado Periodismo 2.0.
Olvida la existencia de proyectos como Indymedia y en general los periódicos, radios y televisiones comunitarias y alternativas, que hace ya muchos años que llevan poniendo en práctica la producción libre, crítica, democrática y participativa de información como una forma de contrarrestar el peso de los grandes monopolios empresariales de la comunicación, y que fueron los primeros en impulsar hasta las últimas consecuencias el siguente lema: “Todos somos comunicadores”.

Ojo con los valores y usos que le conceden al procomún que existe en la cultura 2.0, otros agentes sociales: pueden convertirlo en fuente de ingresos, o de legitimidad.

Clara

El pasado jueves Juan Freire visitó Medialab para ofrecer una interesante charla bajo el título “Del procomún analógico a los nuevos espacios públicos.”

El título era bien interesante, y la charla resultó ir más allá del mero atractivo formal. Freire resumió en dos horas y media un tema que bien hubiera llevado días, y es que una explicación con ejemplos y referencias siempre es más productiva. No quiero entrar en opiniones subjetivas sino comentar brevemente qué es lo que Freire puso sobre la mesa para explicarnos un título tan amplio.

Ejemplos para reflexionar: ¿sabían que un grupo de sociólogos llegaron a la conclusión de que en Nepal la la autogestión de canales tenía una productividad mayor que la gestionada por su gobierno? Aquí va otro: Quartzsite, en Arizona, cuando llega el invierno un montón de gente se instala en la ciudad con sus caravanas durante unos meses, construyen sus mercados y una “sociedad temporal” que, tal cual aparece y se desarrolla unos meses, desaparece sin dejar rastro (aunque imagino que dejará dinero, ya que la fuente de ingresos principal de esa ciudad es el turismo.)

Creo que todos deberíamos preguntarnos hasta dónde llega nuestra desconfianza, quizá miedo, en la autogestión, o simplemente en el hecho de no depender de una institución gubernamental para generar nuevas redes sociales, que es precisamente lo que está saliendo a flote en lugares como la llamada “sociedad red”. El nuevo procomún es el digital y lugares como Internet fueron diseñados para formar parte de ese concepto.

Volviendo al tema de los nuevos espacios públicos, me gustaría recordar una frase que se dijo el jueves: “hoy, la ciudad moderna ha hecho calles para pasar por ellas, no para estar en ellas.” Se habló de los “no lugares” de Marc Augé y de los “espacios basura” de Rem Koolhaas (espacio que no tiene ninguna utilidad.) Según Freire, la sociedad moderna debe reapropiarse del espacio público defendiendo un conocimiento libre (como ejemplo se mencionó la web 2.0), un espectro libre (el radioeléctrico) una arquitectura post-espectacular (pensada para las personas, funcional, barata) y, sobre todo, lo que se definió como “una piel digital sobre el asfalto”.

Claro, que todo es cuestión de debatir sobre qué son realmente los espacio públicos y si estos siguen existiendo, por poner un ejemplo de Freire, el alcalde de Sao Paulo ha prohibido la publicidad en sus calles. Así, una gran ciudad sin publicidad ¿no se deshumaniza un poco?. En la charla se habló de que un espacio público es un espacio que depende de su auto-organización (por ejemplo, el proyecto estadounidense llamado Burning Man.

De todo esto y de mucho más se habló el pasado jueves en Medialab. Hubo preguntas, hubo opiniones y hubo mucho interés por continuar investigando acerca de eso que llaman “espacios públicos.”

Esto ha sido una explicación muy breve, pero tanto en nuestra web de Medialab
como en la del propio Juan Freire podéis ver un slideshare con toda su presentación.

Ana.

Nube de tags

Noviembre 23, 2007

Otro post que llega un poco tarde, pero tampoco demasiado. Luego vendrá otro, y así habré cumplido con lo de ayer. ¡De ayer! Pero hoy, de nuevo, hay conferencias, y 3. ¡Aie, por favor, no me reprocheis demasiado estos días de retraso!
Ahora pues os quiero contar muy rapidamente, porque en unos minutos Alberto Cairo va a ponerse a hablar, una experiencia muy interesante de cruce de saberes, que un visitante francés, Franck Leibovici, identificó directamente como una performance, que realmente fue una, a cual fuimos unos cuantos a participar o a observar.
Desde las 17 horas hasta las 19 horas, Santiago Ortiz programó bajo nuestros ojos, a veces ojos de expertos a veces ojos de ignorantes que lo ven como magia (mis ojos por ejemplo) las representaciones que proponía Antonio Lafuente con el objetivo de visualizar el Procomún. Fue nuestro taller tan esperado de nube de tags, que de taller no tuvo nada, y cuya utilidad y eficiencia dudo bastante, pero que resultó ser una experienca muy interesante y totalmente inédita.
Lo que además de su aspecto performativo este “taller” nos aportó son varias reflexiones en torno a la visualziación de datos: que la visualización es una herramienta que permite, más que visualizar, visibilizar lo que no se suele ver. De eso su aspecto político y benéfico, y su posible uso a fines colectivos, ya que permite hacer aparecer fenómenos desconocidos y generar tomas de consciencia a nivel colectivo, sobre todo cuando formas genéricas de visualización, como las de Many Eyes que nos presentó Fernanda Viégas, nos permiten a nosotros ciudadanos, “gente del común”, generar nuestras propias visualización sobre temas que decidamos. La visualización permite quitar mitos y mentiras, a condición que los datos sean fiables, y eso es otro problema…. En cualquier caso permite multiplicar los puntos de vista y las tomas de palabras. En nuestro caso, quiero decir, en el caso del Procomún, el interés de la visualización es obviamente su visibilización, que constituye según Antonio Lafuente una parte de la misión del Laboratorio del Procomún, para poder conocerlo y protegerlo, lo que desarrolla en su texto reunir, visualizar y movilizar el procomún. Como nuestro blog y nuestras voces intentan hacer visibles lo que pasa en Medialab Prado como experiencia colectiva, y el Procomún como fundamento de ver el mundo, de pensarlo y de cambiarlo, la visualización de datos en su estado actual es un medio maravilloso para crear un espacio interactivo y atractivo que ayuda a la primera y constituye parcialmente la segunda etapa, en su forma de nube de tags, del tratamiento digital del Procomún como concepto y objeto.

Procomún y espacios públicos

Noviembre 22, 2007

Hoy, jueves 22 de noviembre, a la 19 horas vendrá Juan Freire a darnos una charla, en el marco del ciclo El procomún o las nuevas miradas a lo público, titulada “Del procomún analógico a los nuevos espacios públicos híbridos”. ¡Qué complicado! “procomún analógico”, “espacios públicos híbridos”, ¿Qué significa esta asociación misteriosa de palabras raras?
Bajo este título oscuro, creo entender que se plantea sencillamente explorar la relación entre Procomún y espacios públicos en la sociedad actual, es decir, en una sociedad que ha dejado los espacios públicos y ha desarrollado nuevos modos de relacionarse en parte a través de la red. Creo entender entonces que se va a hablar de la relación entre espacios virtuales y espacios físicos y Procomún, ancho tema que nos puede llevar a horas de charla, ya que cada término podría suscitar una serie de preguntas fundamentales a lo que se añadiría el análisis problemático de las relaciones complejas que se pueden establecer entre ellos.
Entre el Procomún y el espacio público, las cosas no son tan claras como lo parecen: la cosa pública no es cosa común. Entonces el espacio público, aunque el uso sea colectivo no está regulado por la colectividad sino por el Estado que decide de la cosa pública. La reunión de las madres en una plaza que miran jugar a sus hijos al fútbol, estos mismos niños que corren y juegan, seguidos luego por las parejas de abuelos que toman el fresco, o por los adolescentes que vienen a beber, no corresponde a un uso colectivo de la plaza sino a usos legales o tolerados de un espacio bajo ciertas normas elaboradas por el Estado. Lo que a primera vista parece obvio, que el espacio público sea el de la colectividad, aparece aquí como uno de los elementos fundamentales del debate y una de las claves para construir soluciones: ¿Qué es la relación entre lo público y el público?, o mejor dicho ¿entre lo público y el Procomún? Para establecer la equivalencia entre público y común hay que tener confianza en el Estado y creer que la misión del Estado es efectivamente la realización del bien común, que sus actuaciones siempre están motivadas por la búsqueda de lo mejor para los ciudadanos, hay que creer que la felicidad individual de uno mismo pasa por el respeto de las normas elaboradas por el Estado, y que el Estado puede gestionar, organizar, regular el espacio mejor que la comunidad, y reconocerle legitimamente entonces como la autoridad máxima.
En cuanto a la relación entre espacios físicos y espacios virtuales, o híbridos, – aunque supongo que virtuales tampoco debe ser el equivalente de híbridos -, su relación es interesante al plantearlo dentro de la reflexión del Procomún. Porque realmente cuando se está cuestionando unicamente la relación entre los dos espacios, se suelen adoptar dos posturas morales que tiene que ver con la convivencia y el estado social de las relaciones, y remiten entonces a acercamientos sociales que salen del campo de la pregunta conceptual del Procomún y de su construcción, aunque no carezca de interés. A ver si se me entiende. El espacio físico es a menudo visto como la panacea de la vida de antes, donde la gente se hablaba, se conocía, lo que evitaba tensiones sociales, y desactivaba los conflictos. Yo no sé nada del estado de la violencia en las sociedades occidentales del siglo XX y XXI, pero tengo la intuición de que no se puede reducir el tema diciendo que el dialogo quita las tensiones, porque la palabra también genera el conflicto, y de la palabra al acto a veces sólo hay un salto que se salta. Según este punto de vista, el espacio digital entonces es el reinado del solipcismo, del narcisismo, o de la relación solitaria, que traduce la incapacidad actual a relacionarnos, y provoca deresponsabilización entre miliones de voces anónimas. Obviamente, supongo todo es mucho más complicado. La comunicación por internet facilita las relaciones, sobre todo por la distancia, y permite a la gente que tiene más dificultades para expresarse directamente encontrar otros canales de expresión que le permite opinar, y eso no es poco, sobre todo en nuestra sociedad donde son los contactos, sonrisas, y sumisiones que llevan al éxito. El espacio virtual aporta tal vez aspectos positivos a gente que en el espacio físico está condenada al silencio o al fracaso. También permite la constitución de comunidades, a través de las redes sociales, de los foros… y son un modo adaptado al estado social actual.
¿Qué cambia si unos jóvenes al salir de clase hablan sentados en el banco de una plaza o chatean? ¿El valor de su relación ha cambiado? ¿El valor de lo que se dicen ha cambiado? ¿Los encuentros en la red serán menos intensos que los encuentros en el espacio físico? ¿Será menos público el espacio virtual que el espacio físico?
Creo que volvemos a la primera pregunta que dejamos sin solución. Realmente, el problema no es de saber que espacio vale más. Además que a menudo se articulan, como en el caso de las convocatorias por internet, o de la constitución de comunidades por foros que luego se juntan fisicamente, o de las propuestas culturales de grupo de activistas como Platoniq cuyo punto de partida es la red pero de finalización es la calle. El problema no es un problema de convivencia, no es un problema social, sino un problema político fundamental. ¿De qué manera queremos usar el espacio común? Que sea virtual o físico. ¿Con qué usos queremos reanudar cuando se habla de Procomún? De un uso que haga de este espacio de convivencia un espacio de todos y de nadie, es decir un espacio del cual se pueda gozar en libertad. Y aquí volvemos a esta relación entre Procomún, espacio físico y espacio digital: si a la vez la irrupción del espacio virtual, ha ayudado al cuestionamiento de las autoridades por ser un espacio de expresión donde no hay que reconocer el peso ni la autoridad de nada ni nadie, ha reactualizado revendicaciones y ha generado nuevas soluciones, al mismo tiempo, al dejar cada vez más el espacio físico, el Estado se acapara de él y regulándolo más, nos quita libertades y derechos sin que digamos nada. Asimismo la privatización conduce a su reducción progresiva. Y a todo esto se añade un control y seguimiento mucho más importante en la red que en el espacio físico.
De todo eso, se pueden plantear unas preguntas básicas: ¿Cómo queremos pensar la relación entre Estado y Procomún? Una vez definido lo que sería un espacio procomún, se podría abordar una pregunta que me parece muy interesante, y que seguramente estará en el corazón de la charla de hoy: ¿Qué sería el espacio digital procomún? ¿Existe ya? Si bien es cierto que no existe espacio público digital, el espacio digital ¿no sería el más adecuado para crear un espacio procomún?, y desde este espacio ¿se podría generar un espacio físico procomún?

Ayer, pudimos asisitir en Medialab Prado a las 19 horas, entre las mesas dedicadas a los grupos de trabajo del taller Visualizar, a la presentación del libro de Joaquín Rodríguez, Edición 2.0.
Apenas se habló del libro. Se mencionó, nada más. En seguida surgió un debate previsto entre 5 personas representantes del mundo editorial con opiniones relativamente diferentes, en torno a lo bueno o lo malo de lo digital en la edición, a lo bueno o a lo malo de los blogs y de la Wikipedia… Primero, no tenía ninguna relación con el Procomún, palabra que ni se pronunció, y segundo los términos del debate no tenían sentido en el espacio de Medialab Prado, donde están ya solucionados desde hace tiempo. Estabamos como asistiendo a una obra de Rodrigo García en el Teatro Pavón, o a una exposición de Velázquez en la Casa Encendida, y no se trata de dudar de la calidad de Rodrigo García, del Teatro Pavón, de Velázquez o de la Casa Encendida, sino de la incongurencia de su unión.
Pero lo que más sentí como desfase fue el formato de este encuentro. Un debate cerrado. Un debate público, pero privado, ¡un escaparate! ¡Un debate público donde el público no puede participar! Era bastante increíble que en un espacio en el cual se habla libremente con Agustin Garcia Calvo o Ignacio Sotelo, -ya que parece que hay que hablar de autoridades-, donde se trabaja en collaboración con Ben Fry, Santiago y Andrés Ortiz, o Julian Oliver, -ya que son otras autoridades-, nadie de estas 5 personas nos invitó a participar al debate.
La conferencia, que suele ser el formato de los jueves, es un formato tradicional que manifiesta la autoridad del que habla, en el sentido de que la presencia del público significa que se conciede al ponente cierta autoridad, prestigio. El asistente reconoce así que el ponente merece ser escuchado, aunque nunca impide cuestionar su opinión, de forma privada, o de forma pública, ya que siempre las conferencias están seguidas por una sesión de preguntas, comentarios, y debate, entre el ponente y el público. Si así se reconoce una partición del saber entre autoría y público, también se reconoce la posibilidad de hablar, de debatir entre iguales. En cambio, en el caso de ayer, se erigieron 5 personas como autoridades, cuya palabra se impuso como digna de ser escuchada y sobre todo incuestionable. Para mi, ninguna de las voces que escuché ayer suscitaron admiración, ni se les reconocí ninguna autoría en el campo que quería abarcar, (entre otras razones porque resultó muy corto y no pude saber lo que cada uno defendía). Además de autoproclamarse expertos nos proclamaron profanos. Creo realmente que ayer fue un momento torpe, poco entendible, y totalmente anacrónico.
Pero, a pesar de todo eso, me alegro, me alegro porque seguramente, hace poco tiempo, hubiera aceptado, aunque enojada y frustrada, esta manifestación de la elite desdeñosa y tradicional, porque no hubiera sabido que otro formato reinvendicar y que conceptos apelar. Pero unos meses después, después de haber seguido como usuaria la filosofía de Medialab Prado, y ahora como miembro del equipo, estoy capaz de rechazar estos formatos, sin verguenza ni furstración, porque sé por que otros formatos e ideas reemplazarlos. O sea que creo que estamos del lado de la construcción del futuro, allí justo donde se construye.